NO ES RABIA TODO LO QUE RELUCE

 

Dog barking

Es cierto que nos asustan/intimidan esas explosiones de rabia/enojo propias de los adolescentes. ¿Por qué lo hacen? Es absurdo,………¿seguro que es absurdo?.

No hay comportamiento que no tenga una justificación. Todo tiene su antecedente y también su consecuente. La conducta se repite por sus consecuencias.

Es cierto que otra conducta sería mejor, pero ellos consiguen su objetivo inmediato: escapar de una situación incómoda.

Los padres/madres tenemos las llaves para que no se produzcan estas explosiones, o al menos para que se reduzcan considerablemente….. ¿Cómo?

Este es un asunto que hay que tratar  ampliamente, y no vamos a hacerlo aquí, pero unas pocas ideas servirán para empezar:

1) No comiences discusiones de forma espontánea, simplemente porque estás cabreado y quieres hacérselo saber. Así tan sólo conseguiremos un nuevo enfrentamiento y alejamiento. O acaso a nosotros, adultos, ¿cuando alguien nos abronca, de inmediato cambiamos de actitud, agradecemos la corrección y aceptamos que estábamos equivocados? Los adolescentes no son muy diferentes en este punto. Nuestra aproximación ha de ser otra.

2) Planifica cómo y qué quieres decirle. Esto evita el levantar la voz y nos dirige en un momento que no es fácil. No se conduce por curvas difíciles sin tener un buen control del vehículo

3) Ten una entrevista con él/ella (hay que acordar día, hora y lugar). Dile de qué se va a tratar y que esperas conocer su opinión. Ten buen ambiente: Un refresco, un helado, pizza,….. y calma. Los jóvenes precisan un poco de tranquilidad para poder expresarse sin ira y para poder abrirse.

4) Primero escuchar, luego escuchar y finalmente compartir (imponer nuestro criterio tan sólo ante situaciones de riesgo inminente) Hay que decidir en qué papel iniciamos la conversación:

  1. OBSERVADOR: Les dejas hablar libremente sin dar consejos,
  2. CONSEJERO: Aquí ellos hablan pero vamos intercalando ideas para que piensen si pueden aplicarlas.
  3. DIRECTOR: Hay momentos en que sí hay que dirigir, hay que orientar cuando están perdidos en el desierto sin cantimplora. Pero este papel no debiera ser nuestra primera opción. Hay que usarla cuando la confianza se ha venido restableciendo.

Si hay que cambiar de papel (de los tres tipos mencionados), se debe hacer en la siguiente reunión (quedar en una nueva fecha para ella).

5) Deja la puerta abierta para otro encuentro.

6) Buen humor,…. enséñale el camino, no te centres en sus errores. Reafirmar su parte positiva es adecuado (aunque por dentro te estés muriendo por darle un “caponazo”)

Puede parecer una aproximación elaborada y débil (no lo es, en absoluto), pero hay que reflexionar si nuestra manera de abordar hasta ahora ha sido eficaz o no.

Si siempre obtienes los mismos resultados, ¿por qué sigues haciendo lo mismo?

Tal vez un cambio venga bien. Los adolescentes precisan saber que se les tiene en cuenta; es la llave para que se abran.

Bueno, ampliaremos esto en otro momento.

Tengamos paz.

PD.: Por cierto, la paz se firma con el enemigo.

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Plasticidad

Hay muchos tipos de conocimiento, pero hay uno más importante que los demás; el conocimiento de cómo hay que vivir, y este conocimiento, casi siempre, se menosprecia. Tolstoi

Ya hemos comentado sobre la plasticidad cerebral, pero en ocasiones la palabra plasticidad por su proximidad a la palabra “plástico” no hace justicia a lo que se quiere comunicar con ese concepto en nuestro cerebro. El plástico, en su estado final (botellas, bolsas, objetos diversos) es más o menos rígido o estable y ya no se modifica apenas.

“Plástico” procede de un verbo  griego y en origen significa “moldear”. Esta idea es más apropiada para lo que entendemos por “plasticidad cerebral”. Un cerebro plástico es un cerebro moldeable, así es el cerebro adolescente.

Casi todos aceptamos que nuestro desarrollo se ve afectado por nuestra experiencia con la vida mientras vamos creciendo. Somos lo que somos no tan sólo por causa de nuestros genes. Nadie se sorprende de que un niño que crece bajo la violencia verbal y agresiva de sus padres será agresivo cuando sea mayor, o que los pequeños que viven un ambiente en los mayores les leen libros e historias, llegarán a  aprender mejor en la escuela.

Aceptar esta idea de que ciertas experiencias producen, habitualmente, ciertos resultados parece coherente, pero una cosa es tener la intuición y otra comprender los procesos biológicos subyacentes que lo facilitan.

La plasticidad, en suma, es el proceso por el que el mundo exterior nos alcanza y nos cambia. Si las experiencias no cambiaran el cerebro no seríamos capaces de recordar nada. Dado que así aprendemos de la experiencia, también nos facilita cómo adaptarnos al ambiente.

Aquellos periodos de plasticidad máxima, la infancia y la adolescencia, son buenos tiempos para intervenir y promover un desarrollo positivo.

Esta capacidad de ser moldeables trae también riesgos; así el cerebro en esos períodos es más vulnerable a las drogas, las toxinas ambientales, y los daños psicológicos como traumas o el estrés. Hay que estar atentos y esencialmente hay que alimentar bien a nuestros jóvenes.

La cuestión es cómo los adultos enfrentan la vida. Si lo hacen con buenas maneras, buenos comportamientos, sabiendo enfrentar los reveses de la vida, tendremos alimentos de primera para los jóvenes. Ellos se fijan.

Algunos pensarán: “es una carga más para los adultos”.  Yo creo que es una enorme oportunidad, una aventura real. Pon pasión en tu vida.

Nuestros hijos e hijas son modificables, y nosotros también

Debemos convertirnos en el cambio que buscamos en el mundo. Gandhi

 

La adolescencia ya no es lo que era.

La adolescencia ya no es lo que era. Comienza antes y termina más tarde y, probablemente, es mucho más importante de lo que pensábamos con respecto a nuestra salud (padres e hijos) y a las expectativas de éxito y bienestar personal en el futuro.  Los factores que han influido en esta prolongación en el tiempo de la adolescencia tienen toda la pinta de continuar e incluso intensificarse (lo explicaremos en otro momento)

La neurociencia nos enseña que este período de la adolescencia es de gran vulnerabilidad. Los cambios en el cerebro (incremento de la plasticidad cerebral) hacen a los jóvenes más fácilmente excitables, emocionalmente exacerbados y más tendentes a estar enojados o profundamente molestos. Aunque, a su vez, es un período inmensamente fértil para nuevos aprendizajes, y en especial de cómo vivir en sociedad.

La mala noticia es que los cambios cerebrales que ayudan a poder controlar estos excesos se dan mucho después; es decir la maduración cerebral que nos permite el autocontrol de nuestras conductas se da años después de las tormentas hormonales y cerebrales que les llevan a actuar a algunos como gamberr@s o como descerebrad@s.

Este desajuste en los tiempos desde que se da la activación de los sistemas cerebrales que exacerban nuestras emociones e impulsos y el momento en que la maduración cerebral  permite controlarlos hace que los jóvenes se enfrenten a muchos riesgos sin la capacidad para manejarlos debidamente. Es como conducir un auto de fácil acelerador pero con los frenos en mal estado.

En esta situación se producen problemas tales como depresiones, abuso con las drogas o alcohol, obesidad, agresividad y comportamientos antisociales.  Afortunadamente tan sólo una parte de los adolescentes llegan a estas conductas peligrosas.

¿Qué diferencia a los que no caen en ellas de los que se descarrían? : La capacidad de autocontrol (sobre nuestros pensamientos, emociones y conductas).

Esta capacidad de autocontrolarnos es probablemente el indicador más seguro que identifica aquellos que lograrán sus propósitos, salud mental y éxito social.

Un estudio tras otro nos va mostrando, en muestras de jóvenes tanto de clases privilegiadas como de clases desfavorecidas que aquellos que puntúan alto en autocontrol, invariablemente muestran mejor rendimiento académico, son más apreciados entre sus compañeros y muestran menor probabilidad de meterse en problemas o desarrollar trastornos emocionales.

Por todo ello la adquisición de autocontrol puede considerarse la tarea central en la adolescencia. Un objetivo vital que debemos perseguir padres/madres, educadores y profesionales de la salud.

Y nos preguntaremos: ¿Cómo se consigue? Esto es ya materia para otra entrada del blog y entonces continuaremos con el tema. Ahora mencionaremos algo para hacer boca: El autocontrol, también se aprende, al observar adultos que son capaces de autocontrolarse. Esto es el llamado aprendizaje por modelado.

Padres/madres, ¡atención! si somos capaces de manejar con calma y asertividad y con emociones apropiadas las dificultades cotidianas; nuestros pequeñ@s tendrán material con el que aprender. Esto es una tarea preventiva, contra antes vean comportamientos de control en los adultos, más probable será que ell@s puedan comenzar a aplicarlos. Esto no siempre se cumple, pero es una buena manera de empezar.

Ya lo explicó un famoso Rector de Harvard: “Si nos parece cara la educación, probemos la ignorancia”

Hay que preparar el terreno, para que la cosecha sea la que esperamos.

LA LOCURA ES HEREDITARIA, TE LA TRANSMITEN LOS HIJOS.

“Cuando tenía 14 años no podía resistir ni la presencia de mi padre pues me parecía tan ignorante,  pero al cumplir 21 me maravilló cuanto había aprendido en 7 años” – Mark Twain.

No desesperemos al constatar la inmadurez de nuestros adolescentes, es una “enfermedad” que pasa con el tiempo. Y por si no habíamos caído en la cuenta, es altamente probable que nosotros mismos hayamos pasado por ella.

La adolescencia como una etapa de la vida está siendo transformada en la comprensión que tienen los expertos. Las investigaciones de las últimas décadas nos llevan a replantearnos algunas cosas (cómo cuidarles, como enseñarles y cómo les vemos).

Su desarrollo cerebral es mucho más intenso de lo que creíamos y su plasticidad crece en los años adolescentes llegando hasta los 25 años (de acuerdo a los últimos estudios). Es un período tan vital como lo fueron los 2 primeros años de vida.

La adolescencia es un tiempo de confusión, pero no sólo para los jóvenes, también los adultos se sienten confusos, no es de extrañar la expresión de Mss. Swaab: “La locura es hereditaria, te la transmiten los hijos”

No es tiempo para broncas sino  para marcar el territorio, su conducta debe tener consecuencias pero no por la vía de la ira y la confrontación sino por la vía de la reciprocidadsi ell@s hacen mal las cosas, algo les saldrá mal a ell@s.

Las cuentas deben estar claras y deben ser conocidas por todos. No podemos en este breve artículo profundizar, pero al menos los padres/madres debemos saber a qué atenernos.

Las emociones de los adolescentes fluctúan como una montaña rusa. No nos sorprendamos sino que encuentren un hombro amable en el que apoyarse. No critiquemos, enseñemos. La vía positiva abre los puentes de comunicación. Ahora más que nunca necesitan comprensión porque están confusos. Comprensión no significa aprobación. Una charla magistral sobre la vida acostumbra a pasar de un oído a otro a gran velocidad y deja poco rastro. Si hay que darles consejos, que sean breves (¿porqué creemos que triunfa Twitter con sólo 140 caracteres?).

Cuando lo que hacen es irritante, daña a otros o a sí mismos, no hay que dejarlo pasar por alto, en absoluto; pero no se debe lidiar con ello desde la ira y la santa indignación. Es mejor que tenga consecuencias que habrán sido previamente conocidas (acordadas de antemano).

Los padres/madres pueden tener un pequeño catálogo de consecuencias previamente conocido por todos, incluso pactado por todos (retirada de privilegios por cierto tiempo, compensar por lo dañado, alguna labor en bien de todos). Todo ello de acuerdo a una escala de faltas leves/medias/graves. Si el adolescente conoce de antemano que habrá consecuencias por sus actos, no reaccionará tan agriamente porque sabrá que se lo ha ganado a pulso.

Este es un gran secreto, cuando hacen algo mal, son ell@s los que se ganan la consecuencia previamente conocida. Los padres/madres definimos qué tipo de falta es (leve-media-grave) y se aplica el catálogo (hasta se les puede dejar elegir dentro del grupo de consecuencias).

“Mira lo que te has ganado”. Les enseñamos responsabilidad, son dueños de sus actos y de sus consecuencias.

Este panorama evita confrontaciones o las reduce y nos queda más tiempo para tener actividades más agradables con ell@s.  Estas son vitales para mantener abiertos los canales de comunicación. Si siempre nos peleamos y por ello huyen de nosotros; el día que se enfrenten a riesgos ciertos (alcohol, drogas, sexo, amenazas) no nos lo dirán.

Por todo ello procuremos salir algún día a tomar pizza, o al cine; ese día no habrá crítica alguna a su aspecto, por sus estudios o por sus conductas. Ese día se crean lazos de confianza; tan sólo pasadlo bien con ell@s, reíd, sonreíd y bromead (no hace daño).

Recordemos por último: “ Lo contrario de la ira no es la calma, es la empatía”.

EVITEMOS LA ADICCIÓN A LOS MÓVILES

Muchos padres se ven superados por la dependencia de sus hijos respecto a los teléfonos móviles.

A continuación presentamos una sugerencia adaptada (de autor no conocido) para el buen uso de estos instrumentos:

Estas podrían ser las condiciones que una madre presenta a sus hijo/a antes de entregarle el malévolo artefacto de comunicación:

  1. El teléfono es mío. Yo lo he comprado. Yo lo he pagado. Te lo estoy prestando. ¿A que soy estupenda?
  2. Siempre sabré la contraseña.
  3. Si suena el teléfono, contéstalo. Es un teléfono. Di hola, sé educado. No ignores nunca una llamada si la pantalla dice “Mamá” o “Papá”. Nunca.
  4. Entrega el teléfono a tu padre o tu madre sin falta a las 19.30 en días de colegio y a las 21 en fin de semana. Permanecerá apagado durante la noche y lo volveremos a encender a las 7.30 de la mañana. Si es un momento en el que no llamarías a nadie al teléfono fijo -que pueden descolgar los padres-, no llames ni envíes un mensaje. Haz caso a tu instinto y respeta a otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
  5. El teléfono no va al colegio contigo. Habla en persona con la gente a la que envías mensajes. Aprender a hacerlo te vendrá bien en la vida. Lo de las medias jornadas, las excursiones y las actividades extraescolares tendremos que estudiarlo especialmente.
  6. Si se cae a la taza del baño, se cae al suelo y se destroza o desaparece, tú serás responsable de lo que cueste arreglarlo o sustituirlo. Lava coches, limpia la casa, cuida niños, ahorra dinero de cumpleaños. Algo pasará, así que debes estar preparado.
  7. No emplees esta tecnología para mentir, burlarte de otro ser humano ni engañarle. No participes en conversaciones que hieran a otros. Sé un buen amigo antes que nada, o si no, mantente al margen de las disputas.
  8. No digas nada, ni por mensaje, ni por correo electrónico, ni por teléfono, que no dirías en persona.
  9. No digas nada, ni por mensaje, ni por correo electrónico, ni por teléfono, que no dirías en voz alta con sus padres presentes. Ten control de ti mismo.
  10. Nada de porno. Busca en internet información que no te importe compartir conmigo. Si tienes alguna pregunta sobre algo, házsela a una persona; preferiblemente a tu padre o a mí.
  11. Apágalo, siléncialo o guárdalo en público. Sobre todo en un restaurante, en el cine o mientras estés hablando con otra persona. No eres un maleducado; no permitas que el móvil te cambie.
  12. No envíes ni recibas fotos de tus partes íntimas ni de las de otra persona. No te rías. Algún día tendrás la tentación de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es peligroso y podría arruinar tu vida de adolescente, universitario o adulto. Es una mala idea, siempre. El ciberespacio es vasto y más poderoso que tú. Y es difícil conseguir que desaparezca algo de semejante magnitud, incluida una mala reputación.
  13. No hagas millones de fotos y vídeos. No es necesario documentarlo todo. Vive tus experiencias. Quedarán almacenadas en tu memoria para toda la eternidad.
  14. Deja el teléfono en casa a veces y quédate tranquilo con la decisión. No está vivo ni es una prolongación tuya. Aprende a vivir sin él. Tienes que vencer el miedo a perderte algo.
  15. Descárgate música que sea nueva, o clásica, o distinta a la de los millones de chicos como tú que escuchan exactamente las mismas cosas. Tu generación tiene la mayor facilidad de acceso a la música que ha existido jamás. Aprovecha ese don. Amplía tus horizontes.
  16. Juega a un juego de palabras o de preguntas de vez en cuando.
  17. Mantén los ojos abiertos. Mira el mundo a tu alrededor. Asómate a una ventana. Escucha a los pájaros. Sal a pasear. Habla con un desconocido. Pregúntate cosas sin necesidad de buscarlas en Google.
  18. Meterás la pata. Como consecuencia perderás el uso del teléfono por un tiempo. Nos sentaremos a hablar sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo estamos aprendiendo sin cesar. Estoy de tu parte. Estamos juntos en esto.

Espero que te parezcan bien estas condiciones. La mayoría de las enseñanzas que enumero aquí no sirven solo para el móvil, sino para la vida. Estás creciendo en un mundo rápido y cambiante. Es emocionante y seductor. Procura no complicarte las cosas siempre que puedas. Confía en tu inteligencia y en tu enorme corazón por encima de cualquier máquina. Te quiero. Espero que disfrutes de tu increíble móvil.

Los padres y madres son listos si se dan un tiempo para pensar. Podéis adaptar estas condiciones a vuestra propia familia.

¡Que os sea de provecho!

 

LOS CUATRO JINETES DE LA MALA LECHE

Los 4 errores fundamentales en la comunicación con adolescentes.

  1. Discusiones espontáneas sobre problemas (sin planificar)
  2. Regañinas, críticas reiterativas.
  3. Sermoneo, clases magistrales
  4. Disputas, discusiones

Padres e hijos necesitamos crecer como personas en nuestra mutua relación. Hoy trataremos 4 aspectos de la comunicación que justamente  consiguen lo que no pretenden (que mejoren su conducta los adolescentes).

Vamos a verlos,

1. Discusiones espontáneas sobre problemas (sin planificar)

Destruye la convivencia. Aquí el padre/madre, con la mejor intención, observa algo que debe cambiarse y, claro, se pone a comentarlo de sopetón. Lo que se dice es probablemente correcto y no tiene la intención de causar problemas.

Las probabilidades de que el adolescente esté motivado a discutir un asunto poco placentero para él, es de aproximadamente CERO. Lo usual es que se consiga incrementar la irritabilidad, y disminuir la cooperación. El muchacho/a estará haciendo algo ¿?, y se molestará por la interrupción (es humano, a nosotros padres también nos pasa cuando nos interrumpen para algo no agradable).

En ocasiones puede ser inevitable discutir algo de repente, pero es mejor alternativa (con un adolescente) establecer un momento (día y hora) en que se hablará del tema (así tiene la oportunidad de pensar en ello, …. pues ya sabe de qué va el asunto).

 

2. Regañinas, críticas reiterativas.

Aquí nos referimos a repeticiones, recordatorios verbales, casi siempre hostiles sobre algo que queremos que hagan (ellos no comparten el mismo entusiasmo). También surge de forma más o menos explosiva. Es una táctica paterna favorita para conseguir que hagan algo (con ínfima efectividad) pero con gran fricción casi siempre. ¿Por qué usamos esta vía una y otra vez, si nunca conseguimos el resultado esperado?

Dos posibles respuestas: a) es una respuesta a nuestra frustración (es algo primitivo) y b) no sabemos otra forma de actuar.

Antídoto: En primer lugar, hay que establecer si no es un asunto menor (aunque irritante), después y si es totalmente necesario, hay que preparar un encuentro especifico para tratar el asunto.

3. Sermoneo, clases magistrales

El padre o madre frustrado/a van a explicarle a su pitufo las verdades de la vida (evidentemente el adolescente caerá fascinado por nuestra argumentación y dándonos la razón y las gracias cambiará su rumbo e irá triunfante por la vida.)

Sin embargo eso no va a suceder, normalmente no se produce ningún cambio positivo, pero sí obtendremos irritación y riñas.

4. Disputas, discusiones

Mejor nunca discutir. ¿Qué vamos a hacer, quedarnos con la boca cerrada y que hagan lo que les dé la gana?…… En absoluto.

En alguna ocasión, será preciso presionar para que el menor haga lo que debe hacer, pero hay que considerar que no debe ser la técnica habitual (tan solo para casos serios que no hayamos planificado).

Por lo demás hay que reconocer que es muy raro llegar a vencer  a alguien por la vía de la discusión. A veces les sometemos pero por una vía de intimidación (ojo, eso paga dividendos más tarde y no son los que esperamos). En las discusiones cada combatiente se reafirma en sus posiciones, y el único propósito es vencer (no educar), o conseguir que el oponente parezca estúpido.

No se obtiene nada positivo por esta vía.

 

¿Alternativas?:

No comiences conversaciones que ya conoces que no llevarán a ninguna parte.

Plantéate el tener un encuentro si el asunto es realmente relevante, y no insistas en tener la última palabra (si queremos que colaboren, deben participar en las decisiones, deben ser responsables, ser parte).

Si el tema no es tan grave, di lo que tengas que decir, de forma sucinta y clara, después te las piras. El adolescente es responsable de su conducta y aprende enfrentándose a la realidad.

Esto puede parecer muy poco intervencionista,….. así es. ¿Qué has logrado interviniendo y forzando continuamente? Si obtienes siempre los mismos resultados, ¿porqué sigues haciendo lo mismo?.

Es hora de un cambio de perspectiva, tu adolescente ya no es un pequeñín. Sólo crecerá si le das la oportunidad de crecer participando y tomando poco a poco las riendas de su vida. Lo esencial es -sobre todo cuando las discusiones y las broncas son la norma- cambiar el ambiente en la casa, dejar de chillar, dejar de tomarse las cosas de forma personal y ofensiva y tener la perspectiva de educarles (como si fuera un objetivo secreto, una agenda oculta de nuestras verdaderas intenciones).

Si no pasan por su cabeza las ideas y deseos de cambio no lo lograremos. Podremos retorcerles el brazo y vencerles pero no les habremos educado, les habremos enseñado que hay que retorcer el brazo al adversario. Si han de aprender algo será por la vía de las consecuencias de sus actos. (Ej: Si el muchacho o la muchacha no recogen nunca la ropa del suelo de su habitación, …. los padres tampoco lo deben hacer. En una o dos semanas descubrirán que no tiene ropa que ponerse,…… entonces negocia un acuerdo -sin acritud, sin superioridad, sin pullas-. Por favor, eduquemos, no machaquemos. Haz la prueba.

 

Sobre aprender a comer.

Todavía pasan cosas que me sorprenden. Una compañera nos comentó lo que estaba sucediendo en cuanto a los comedores en algunos colegios de nuestra comunidad dentro del área infantil. El número de solicitudes es mayor al número de plazas disponibles. Parece comprensible la demanda de una plaza en el comedor, ayuda a los padres a solventar las dificultades que actualmente encuentran en la organización de su vida familiar. Me llamaba la atención, ahora que hay menos ingresos, que algunas familias gasten en comedor. La respuesta es simple, hay quienes no buscan encontrar solución a su ajetreada vida, sino simplemente inscriben a sus hijos en los comedores, para que aprendan a comer. Es verdad que un buen porcentaje de niños y niñas, entre 3 y 6 años sólo comen lo que les gusta, o sea aquello a lo que les han acostumbrado. Y claro, en el comedor son uno más.
Pero el proceso de aprendizaje no es fácil, las cuidadoras tienen durante cada comida una labor difícil, ya que además de estar pendientes de que coman y no tiren o escondan la comida, deben además enseñarle a usar las herramientas, cortar sus alimentos y aunque parezca increíble hacer que pelen la fruta que se van a comer. En síntesis que la hora de la comida es una sesión de formación de destrezas para comer. Delegan en el colegio competencias que por definición están relacionadas con la formación de valores, estilos y condiciones culturales sociales que se adquieren en casa.
Estoy de acuerdo que el colegio, es un lugar de formación, de transmisión de conocimientos, un lugar de aprendizaje social e integración cultural, pero que además tenga que encargar de que aprendan a usar un tenedor, aprenderse a llevarse los alimentos a la boca, partir sus alimentos, y lo más grave aún que puedan ir al cuarto de baño solos, se vistan y más, me parece  excesivo.
Hoy cuando las exigencias de preparación psicológica, como independencia, resistencia a la frustración, adaptación, control emocional, etc., son una condición esencial para lograr una mínima adaptación e integración al entorno y poder vivir dentro de él. Resulta que una generación de padres, ha perdido el horizonte, muchas veces influidos por creencias psicológicas, del tipo no deben frustrase, me dejarán de querer, debemos dejar que crezcan en libertad, etc., y  han perdido toda capacidad de educar y de formar, dejando esa responsabilidad en manos de otros, los cuidadores del comedor, por ejemplo.
Asumir la responsabilidad de educar, es parte del importante rol de los padres, generar comportamientos socialmente útiles y eficaces, en sus hijos, es un asunto de primera urgencia y obviamente no es una tarea sencilla. Se va a encontrar con la resistencia de los propios interesados, con su programa de gratificaciones a corto plazo o en el mejor de los casos con respuestas emocionales intensas, que en algunos momentos, van a exigir de los padres firmeza y claridad. Pero muchos padres se sienten culpables, inseguros y temerosos y con tal de evitar malos momentos, postergan el momento de aprender comportamientos adecuados, cuando en realidad en ese momento están fortaleciendo el aprendizaje descontrolado o incorrecto de enfrentarse o conseguir algo.
Después de horas y horas de escuchar, ver y observar a padres actuar con hijos de diversas edades, y en base al conocimiento que una psicología científica nos proporciona, podemos indicar que debemos atender a las consecuencias de nuestras acciones educadoras y de cómo influyen en el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos. No pasa nada si hay broncas y berrinches, como padres debemos ayudarles a manejarlas, sacar buen partido de ellas de manera que sirvan de base para la creatividad y no para que controlen sus acciones. En pocas palabras, debemos enseñar a comportarse, a conseguir resultados por su esfuerzo y no por sus descontroles. La misión de los padres y madres, como monitores e introductores de sus hijos a este su universo social y práctico, tiene el objetivo de dotarles de habilidades y competencias que les permitan alcanzar una madurez plena, independiente y en armonía, para el bien de ellos mismos y de la sociedad donde se encuentran. Deberíamos tomarnos en serio la educación psicológica de nuestros hijos.