SABEMOS CÓMO SE COMPORTAN LOS ADOLESCENTES, PERO ¿SABEMOS POR QUÉ?

 

Adolescents risk

Al observar a los adolescentes nos alucina lo que hacen (en ocasiones positivamente, hay que ser justos) pero, aunque sabemos cómo se comportan, no nos queda claro el por qué.

Necesitamos conocer cómo toman sus decisiones y cómo piensan. Preguntarles, no es suficiente. Ellos -como también muchos adultos- no siempre saben porqué se comportan de la manera que lo hacen.

Es conocido, por otra parte, que explicados los riesgos de diversas situaciones, las entienden aproximadamente igual que los adultos.

Aunque nos parezca mentira, existe gente que se dedica a investigar estos asuntos; incluso por más de 15 años. Así el equipo de L. Steinberg en EEUU se ha especializado en ello y nos ha dado resultados muy interesantes. (Los estudios se han realizado también en muchos otros países).

Se han realizado experimentos para entender por qué los adolescentes se comportan de forma más arriesgada que los adultos y se estudiaron 3 posturas posibles…

  1. Simplemente porque quieren meterse en situaciones que saben que son peligrosas, o
  2. Porque no son conscientes del riesgo que corren, o
  3. Porque están tan fijados en la diversión o búsqueda de sensaciones que no prestan atención a lo que puede salir mal.

Los resultados obtenidos constatan importantes diferencias entre niños, adolescentes y adultos:

  1. La sensibilidad a un potencial premio en una decisión de riesgo -como la posibilidad de ganar una apuesta de baja probabilidad- alcanza su pico más alto en torno a los 16 años. Por tanto, es más fácil conseguir que un adolescente apueste o juegue, aunque las probabilidades de ganar sean pequeñas o inciertas.
  2. Los niños toman decisiones más impulsivas que los adolescentes y éstos que los adultos
  3. Esta combinación de alta sensibilidad y alta impulsividad hace que le periodo entre los 14 y los 18 años sea un momento muy vulnerable y peligroso.

La atracción que sienten los adolescentes por alcanzar lo que les gusta o les llama la atención, les impulsa a realizar actos impulsivos y excitantes -para ellos-. A la vez su pobre auto control les hace difícil frenarse y pensar antes de actuar.

Todo esto unido a lo que comentamos en el blog anterior, nos lleva a darnos cuenta que la simple enseñanza de lo que está bien, de lo que es arriesgado no es suficiente para los adolescentes. Esencialmente entienden los riesgos como los entiende un adulto, pero una vez metidos en la acción su capacidad de control es claramente menor.

Por todo ello, sin descartar la educación -aunque per se no es más que teoría-, lo que puede ayudar a nuestros jóvenes es cambiar el ambiente en el que viven. Si siguen desocupados, sin metas, sin preocupaciones, sin tomar responsabilidades, sin unirse a grupos o sociedades que les integren y puedan tener actividades beneficiosas para sí mismos y para los demás, seguiremos con unas pandillas de “Chicken brain” que actúan bajo el influjo de las hormonas sexuales y la dopamina que refuerzan sus actividades arriesgadas.

Busquemos, pues, integrar a los jóvenes en ocupaciones les den motivos para disfrutar sin hacerse daño a si mismos y/o a otros. Los padres y madres tienen la palabra: clubs deportivos, asociaciones ecológicas, ONG, grupos musicales, grupos de montaña, etc.

Caminar por otros senderos, produce resultados diferentes, recordando a Robert Frost:

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso marcó toda la diferencia”.  Robert Frost. El camino menos transitado.

 

Sergio Puerta

 

 

 

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¿TIENEN LOS ADOLESCENTES CEREBROS DE POLLO?

teen-and-chicken

Un buen amigo mío, con mucha experiencia en la vida, con mucha cultura y muy viajado (ha dado conferencias en muchísimos países) cuando observa a unos adolescentes haciendo las tonterías, gamberradas o estupideces típicas de su edad, afirma: “Mira, unos cerebros de pollo”

La verdad es que es ponerle un poco de humor a cosas que, con razón, nos irritan y nos parecen incomprensibles. Ahora bien, cuando conocemos mejor cómo funciona y se desarrolla el cerebro de los jóvenes, toda esa algarabía nos empieza a parecer más comprensible.

No digo que hay que pasarlo todo por alto, pero sí ubicarlo en un contexto que nos permita entenderles y buscar vías para su educación.

Lo que distingue el desarrollo del cerebro de los adolescentes de otros períodos no es la reorganización que está sucediendo sino dónde está sucediendo : En dos áreas esencialmente, el córtex prefrontal y el sistema límbico.

El córtex prefrontal se sitúa justo detrás de nuestra frente y es el área responsable de nuestra auto regulación, la que nos hace racionales.

El sistema límbico se encuentra en el centro y lo profundo del cerebro, y una de sus funciones es la de generar las emociones.

La historia de la adolescencia es la de la interacción de estas dos áreas y de cómo aprenden a trabajar en conjunción. Esta historia se desarrolla en tres fases.

Primera fase. Encendido de motores.

Se produce alrededor del comienzo de la pubertad. El sistema límbico es cada vez más fácil de encender. En este tiempo los adolescentes son mucho más emocionales. Su ánimo muestra subidas más pronunciadas y bajadas mucho más profundas que antes o después de este periodo. Son más sensibles a las opiniones y comentarios de otros, en especial a las de sus compañeros y compañeras. Y con una tendencia clara a buscar experiencias nuevas, intensas y excitantes. En el ámbito familiar las peleas y riñas se incrementan con claridad.

Los cambios hormonales de la pubertad son, en gran manera, responsables de estos cambios. Cuando comienza y finaliza esta fase está relacionado con la edad a la que comienzan y terminan de madurar físicamente. Como todos sabemos estos tiempos varían de unos jóvenes a otros.

Segunda Fase. El sistema de frenos se va desarrollando.

Comienza en la preadolescencia y termina sobre los 16 años más o menos. El córtex prefrontal se va organizando mejor gradualmente como consecuencia de la “poda” sináptica y la mielinización. Las habilidades ejecutivas del cerebro se van fortaleciendo lo que lleva a una mejora en la toma de decisiones, la resolución de problemas y la planificación. Aquí los adolescentes ya comienzan a tener razonamiento mucho más adulto (no siempre). En esta mitad de la adolescencia (entre los 14 y 16 años aproximadamente) los padres y madres se sorprenden al ver que, en ocasiones, son más razonables y es más fácil discutir con ellos. Una buena parte de los dramas y las tragedias del principio de la adolescencia se van diluyendo.

Tercera fase. Ya tenemos a un mejor conductor/a al volante.

A pesar de que el sistema de frenos ha ido desarrollándose, los adolescentes no son siempre capaces de usarlo cuando deben. En esta fase las diversas áreas cerebrales mejoran su interconexión. Ojo, este periodo dura hasta bien pasados los 20 años (muchos expertos hablan de los 25 años). Estas mejoras en las conexiones entre el córtex prefrontal y el sistema límbico conllevan un mejor autocontrol, más maduro y consistente. Entre los 18 y los veintipocos años son mejores controlando sus impulsos y las consecuencias a largo plazo de sus decisiones y son capaces de resistir las presiones de sus iguales.

Los procesos racionales ya no son tan fácilmente deteriorados por la fatiga, el estrés o las emociones. Les queda mucho por aprender, pero la maquinaría intelectual adulta ya está en su lugar. Han de seguir manejándola, practicándola para ser más competentes.