Sobre aprender a comer.

Todavía pasan cosas que me sorprenden. Una compañera nos comentó lo que estaba sucediendo en cuanto a los comedores en algunos colegios de nuestra comunidad dentro del área infantil. El número de solicitudes es mayor al número de plazas disponibles. Parece comprensible la demanda de una plaza en el comedor, ayuda a los padres a solventar las dificultades que actualmente encuentran en la organización de su vida familiar. Me llamaba la atención, ahora que hay menos ingresos, que algunas familias gasten en comedor. La respuesta es simple, hay quienes no buscan encontrar solución a su ajetreada vida, sino simplemente inscriben a sus hijos en los comedores, para que aprendan a comer. Es verdad que un buen porcentaje de niños y niñas, entre 3 y 6 años sólo comen lo que les gusta, o sea aquello a lo que les han acostumbrado. Y claro, en el comedor son uno más.
Pero el proceso de aprendizaje no es fácil, las cuidadoras tienen durante cada comida una labor difícil, ya que además de estar pendientes de que coman y no tiren o escondan la comida, deben además enseñarle a usar las herramientas, cortar sus alimentos y aunque parezca increíble hacer que pelen la fruta que se van a comer. En síntesis que la hora de la comida es una sesión de formación de destrezas para comer. Delegan en el colegio competencias que por definición están relacionadas con la formación de valores, estilos y condiciones culturales sociales que se adquieren en casa.
Estoy de acuerdo que el colegio, es un lugar de formación, de transmisión de conocimientos, un lugar de aprendizaje social e integración cultural, pero que además tenga que encargar de que aprendan a usar un tenedor, aprenderse a llevarse los alimentos a la boca, partir sus alimentos, y lo más grave aún que puedan ir al cuarto de baño solos, se vistan y más, me parece  excesivo.
Hoy cuando las exigencias de preparación psicológica, como independencia, resistencia a la frustración, adaptación, control emocional, etc., son una condición esencial para lograr una mínima adaptación e integración al entorno y poder vivir dentro de él. Resulta que una generación de padres, ha perdido el horizonte, muchas veces influidos por creencias psicológicas, del tipo no deben frustrase, me dejarán de querer, debemos dejar que crezcan en libertad, etc., y  han perdido toda capacidad de educar y de formar, dejando esa responsabilidad en manos de otros, los cuidadores del comedor, por ejemplo.
Asumir la responsabilidad de educar, es parte del importante rol de los padres, generar comportamientos socialmente útiles y eficaces, en sus hijos, es un asunto de primera urgencia y obviamente no es una tarea sencilla. Se va a encontrar con la resistencia de los propios interesados, con su programa de gratificaciones a corto plazo o en el mejor de los casos con respuestas emocionales intensas, que en algunos momentos, van a exigir de los padres firmeza y claridad. Pero muchos padres se sienten culpables, inseguros y temerosos y con tal de evitar malos momentos, postergan el momento de aprender comportamientos adecuados, cuando en realidad en ese momento están fortaleciendo el aprendizaje descontrolado o incorrecto de enfrentarse o conseguir algo.
Después de horas y horas de escuchar, ver y observar a padres actuar con hijos de diversas edades, y en base al conocimiento que una psicología científica nos proporciona, podemos indicar que debemos atender a las consecuencias de nuestras acciones educadoras y de cómo influyen en el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos. No pasa nada si hay broncas y berrinches, como padres debemos ayudarles a manejarlas, sacar buen partido de ellas de manera que sirvan de base para la creatividad y no para que controlen sus acciones. En pocas palabras, debemos enseñar a comportarse, a conseguir resultados por su esfuerzo y no por sus descontroles. La misión de los padres y madres, como monitores e introductores de sus hijos a este su universo social y práctico, tiene el objetivo de dotarles de habilidades y competencias que les permitan alcanzar una madurez plena, independiente y en armonía, para el bien de ellos mismos y de la sociedad donde se encuentran. Deberíamos tomarnos en serio la educación psicológica de nuestros hijos.

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