¿DE DÓNDE HAS SACADO LA IDEA DE QUE IBA A SER DIVERTIDO?

¿DE DÓNDE HAS SACADO LA IDEA DE QUE IBA A SER DIVERTIDO?

Golosinas niño

Uno de los más famosos experimentos en la historia de la psicología es conocido como el “Marshmallow Test” (El test de la golosina. Stanford University, finales de los años 60, Mischel y Ebbesen). Se realiza con niños preescolares, que quedan en una sala a solas frente a una sabrosa golosina. Se les avisa de una recompensa mayor dentro de un rato, si no se la comen antes de que vuelva el experimentador. Éste sale de la sala –hay cámaras o espejos que permiten verles–  y se mide si son capaces de demorar la gratificación inmediata para obtener una mayor más adelante (aspecto esencial del auto control).

Algunos niños (tienen unos 4 años) ceden inmediatamente, muchos aguantan por un tiempo, pero acaban comiéndose la golosina antes del regreso del experimentador; un tercio aproximadamente logra aguantar hasta que regresa el experimentador (unos 15 minutos),

Se denomina a estos niños como “demoradores” o “no demoradores”.

Estudios posteriores, tras hacer un seguimiento de los menores, por años, a lo largo de su crecimiento, hallaron grandes diferencias entre unos y otros. Los demoradores puntuaban más alto en test de auto control. No sólo eso, también resultaron tener mayor éxito en la vida, mejores calificaciones académicas, mayor capacidad de enfrentar las dificultades y el estrés, más años de escolarización y mayor autoestima.

Los “no demoradores” tenían mayor incidencia de obesidad, mayor número de problemas de conducta, incluso con drogas.

Esta prueba parece medir algo que permanece en las personas a lo largo de su crecimiento.

Hace no muchos años, se logró conectar con muchos de estos niños, ya en los cuarenta, y se sometieron a escaners cerebrales y tomaron nuevos test de auto control. Aún ahora mostraban mejor funcionamiento en las áreas relacionadas con la auto regulación y menor excitación en áreas que se iluminan ante la presencia de recompensas.

Así estas personas muestran “aceleradores” menos activados y mejores “frenos” al llegar a adultos (recordar nuestro blog de abril “Cerebros de pollo”).

La vida se nos presenta continuamente con elecciones entre premios menores inmediatos frente a mayores premios “demorados”. Todos sucumbimos de cuando en cuando (el gran placer de la tentación es ceder a ella), pero sí existe, en todos nosotros, una tendencia general a demorar o no en espera de mejores recompensas.

Este experimento se ha actualizado con un test llamado “ahora o más tarde” que es más apropiado con adolescentes y adultos (Laurence Steinberg, Age of Opportunity, 2014 ). Se ofrece un premio de 200 dólares para mañana o 1.000 dólares en un año. Si se eligen los 1.000 $, se hace una nueva oferta: 600 $ mañana o 1.000 en un año. La oferta se va ajustando de nuevo (400 $) hasta que se obtiene un punto en que están equilibrados tanto la oferta en corto frente a la de largo. Es el “punto de indiferencia”. Todos tenemos un punto de indiferencia, es un nivel de preferencia más que de autocontrol.

Este punto se incrementa con la edad; los niños lo tienen menor que los adolescentes y éstos menor que los adultos.

Hasta los 12 años la respuesta es muy semejante a la de los niños más pequeños, pero sobre los 16 ya se asemejan mucho más a los adultos. (es un brusco cambio hacia el autocontrol)

Estos resultados se corroboran con el desarrollo de los centros cerebrales de la recompensa que son fácilmente excitables en la primera parte de la adolescencia, pero se activan con menor intensidad a media que se va madurando. Este patrón es una media, no lo olvidemos. Todos conocemos adultos que parecen preescolares en estos términos. Y algunos en puestos de alta responsabilidad.

Esto nos lleva a una segunda observación: aquellos que muestran una preferencia por los premios inmediatos “ahora o más tarde” tienen, en la realidad, mayores dificultades en la vida.

No está claro si esto es consecuencia de:

  • Ser especialmente sensitivos a los premios
  • Ser especialmente impulsivos, o
  • Simplemente estar más interesados en el hoy que en el mañana.

Pero, sin duda, es una circunstancia claramente incapacitante a lo largo de la vida.

Una niña de 10 años le dice a su padre que hacer los deberes no es divertido. El padre le contesta: “¿De dónde has sacado la idea de que iba a ser divertido?”.

Es una lección, que les guste o no, tienen que aprender: para manejarse bien en la vida, tienen que ser capaces de forzarse a si mismos a hacer muchas cosas que preferirían no hacer ahora mismo para poder cosechar un premio mucho mayor más adelante. (como dice un colega nuestro a los jóvenes que no se esfuerzan: no seáis unos “pringaos”)

Hay que conocer que el sistema de recompensa cerebral inicia su desarrollo (lanzado por la pubertad) cada vez más y más temprano. Pero, a su vez, toma más y más tiempo llegar a ser adultos y poderse ganar la vida decentemente. En el siglo XXI si no eres un “demorador” vas a tener que enfrentar tiempos difíciles. Ahora el tiempo desde el inicio de la pubertad hasta la madurez de adulto llega a ser de unos 15 años.

Ahora bien, lanzar a los muchachos a una formación continuada y por más años (F.P., masters, o Universidad) sin asegurarnos de que poseen la determinación necesaria puede llevar al fracaso. Es preciso equiparles con las capacidades psicológicas para ello.

En organizaciones profesionales, todas las comprobaciones que se hacer para decidir quién elegir para un puesto de trabajo no son plenamente eficaces. Tan sólo una vez contratados, se demuestra que quienes van a triunfar son los que trabajan más duro. No es la inteligencia el factor principal. En lo esencial es la capacidad mantener el foco en la tarea y mantenerlo hasta completarla. La tenacidad es más importante que el talento.

Los test de IQ (inteligencia) se han venido tomando como claros índices de éxito académico, y lo cierto es que se corresponde con la capacidad de superar exámenes (en gran parte porque se parece la técnica). Es decir, los alumnos correlacionan bien su IQ con su capacidad para superar exámenes tipo test. Son expertos en superar exámenes.

Una de las razones por la que los test de inteligencia no son predictivos del éxito en la escuela, el trabajo o la vida, es que no miden características tales como la persistencia o saber “apretar los dientes”, y la determinación (que no es sólo la voluntad de trabajar duro, sino también mantener el foco y perseverar cuando las cosas se ponen difíciles).

Se requiere, sin duda, la capacidad de aceptar la demora en la gratificación. Sorprendentemente, no hay correlación entre determinación e inteligencia, habilidad o talento.

Obviamente la determinación a solas no asegura el triunfo, son preciso las habilidades de tu estudio o profesión, pero tampoco el talento sin la determinación asegura nada.

Son precisas “Habilidades no cognitivas”: Determinación, perseverancia y tenacidad.

La diferencia no es entre lo que se piensa (cognitivo) y lo que no, sino mas bien entre factores intelectuales (lo que se entiende) y motivacionales (lo que los mueve).

Tampoco son habilidades exactamente, no es como montar en bici, o leer una partitura.

La determinación, la perseverancia o la tenacidad son capacidades que son alimentadas/nutridas, más que una habilidad que es adquirida.

Por tanto, los padres debemos educar a nuestros pequeños desde temprano a aceptar el medio plazo. No ceder ante cualquier demanda sino instruirles y demostrarles que aguantar es posible y que la recompensa es mayor. Eso sí, nosotros como adultos debemos demostrarlo con el ejemplo. ¿Qué tal si nos miramos un poco al espejo y observamos si nosotros mismos somos capaces de demorar lo que queremos?

Los padres/madres podemos distinguir entre la satisfacción emocional inmediata (tanto de los adultos como de los menores) que ofrecemos a los pequeños cuando se cede a sus demandas y el esfuerzo que implica hacerles saber que ahora no es el momento. Enseñar a que expresen verbalmente sus peticiones y que serán atendidos cuando sean correctos, si chillan, manipulan o molestan no debieran a obtener lo que piden (de lo contrario les enseñamos que hay que portarse mal para obtenerlo).

Aprender a demorar es una exigencia de la vida.

Sergio Puerta.

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SOMOS SOCIOS… La tercera vía

Hace unos días, tuve el placer de compartir unos momentos con una pareja que tiene un niño pequeño, de un par de meses.

Lo grato no fue solamente ver al niño, que en sí mismo lo fue. Lo importante para mí fue la forma en la que estaban ocupándose del cuidado de ese niño.

Todo. La forma de relacionarse con él, alimentarlo, cambiarle, atenderle, asearlo o cualquier otra actividad, transmitía, por parte de sus padres algo diferente a lo que estoy acostumbrado a ver, en situaciones parecidas. No es que hicieran algo diferente o llamativo, no eran las acciones que desarrollaban, sino y sobre todo la forma de relación entre ellos, el cómo se organizaban, se distribuían las tareas y sobre todo el equilibrio en compartirlas.

Durante una conversación con el padre sobre el importante cambio que el niño ha traído a sus vidas, me comentó que el primer mes había sido difícil. Pero que ahora, una vez acordados los términos básicos la situación era buena y gratificante.

¿A qué términos básicos se refería? Simplemente: “Somos socios

Es decir, lo importante es establecer una premisa de igualdad en la responsabilidad; educación y cuidados. Me dijo que al principio y a pesar de estar de acuerdo ambos en la idea, ella no podía evitar los siglos de cultura de “madre”, donde el niño es suyo y el padre es un ser que está ahí.

Menos darle el pecho, todo lo demás puede hacerlo cualquiera de los “socios”. No hay directrices únicas y menos razones parciales o unilaterales.  Me dijo: “ambos vamos acordando conjuntamente todo lo que consideramos que es bueno y adecuado para el retoño”.

Fue una conversación interesante y nueva para mí. Se abría toda una reflexión antropológica y cultural. Y vi claro que eso también entra dentro de los cambios que ahora estamos viviendo. Durante años las mujeres, las madres han intentado, y con toda razón, que los hombres, los padres, estén activamente involucrados en la educación de los hijos. Pero dejándoles un papel secundario o en el mejor de los casos de apoyo colaborador.

Ser Socios, profundiza más en la participación, establece una clara igualdad, donde se debe trabajar en conjunto, como me dijo el padre, “es evidente que los dos queremos lo mejor para nuestro hijo”, y recalco la palabra “nuestro”. Por lo tanto, asumimos que cualquiera de los dos intentará hacer lo mejor posible, eso significa que no necesitamos pedirnos permiso, ni el uno ni el otro. Actuar respecto al hijo con toda libertad y confianza.

Para mí, eso profundiza en una idea que llevo intentando transmitir y es la de la Tercera Vía. Tiene que ver con la cultura, las creencias y demás. Tú tienes tu mundo y yo el mío, no se trata de colisionar entre ambos, en esta “sociedad” se trata de crear la tercera vía, es decir lo mejor de tu mundo y del mío, para alcanzar el objetivo. Y esta tercera vía no acepta la influencia de terceras personas, aunque manifiestan que también quieren lo mejor, por que representaran indefectiblemente a una vía y nunca a la tercera, que se debe construir.

SABEMOS CÓMO SE COMPORTAN LOS ADOLESCENTES, PERO ¿SABEMOS POR QUÉ?

 

Adolescents risk

Al observar a los adolescentes nos alucina lo que hacen (en ocasiones positivamente, hay que ser justos) pero, aunque sabemos cómo se comportan, no nos queda claro el por qué.

Necesitamos conocer cómo toman sus decisiones y cómo piensan. Preguntarles, no es suficiente. Ellos -como también muchos adultos- no siempre saben porqué se comportan de la manera que lo hacen.

Es conocido, por otra parte, que explicados los riesgos de diversas situaciones, las entienden aproximadamente igual que los adultos.

Aunque nos parezca mentira, existe gente que se dedica a investigar estos asuntos; incluso por más de 15 años. Así el equipo de L. Steinberg en EEUU se ha especializado en ello y nos ha dado resultados muy interesantes. (Los estudios se han realizado también en muchos otros países).

Se han realizado experimentos para entender por qué los adolescentes se comportan de forma más arriesgada que los adultos y se estudiaron 3 posturas posibles…

  1. Simplemente porque quieren meterse en situaciones que saben que son peligrosas, o
  2. Porque no son conscientes del riesgo que corren, o
  3. Porque están tan fijados en la diversión o búsqueda de sensaciones que no prestan atención a lo que puede salir mal.

Los resultados obtenidos constatan importantes diferencias entre niños, adolescentes y adultos:

  1. La sensibilidad a un potencial premio en una decisión de riesgo -como la posibilidad de ganar una apuesta de baja probabilidad- alcanza su pico más alto en torno a los 16 años. Por tanto, es más fácil conseguir que un adolescente apueste o juegue, aunque las probabilidades de ganar sean pequeñas o inciertas.
  2. Los niños toman decisiones más impulsivas que los adolescentes y éstos que los adultos
  3. Esta combinación de alta sensibilidad y alta impulsividad hace que le periodo entre los 14 y los 18 años sea un momento muy vulnerable y peligroso.

La atracción que sienten los adolescentes por alcanzar lo que les gusta o les llama la atención, les impulsa a realizar actos impulsivos y excitantes -para ellos-. A la vez su pobre auto control les hace difícil frenarse y pensar antes de actuar.

Todo esto unido a lo que comentamos en el blog anterior, nos lleva a darnos cuenta que la simple enseñanza de lo que está bien, de lo que es arriesgado no es suficiente para los adolescentes. Esencialmente entienden los riesgos como los entiende un adulto, pero una vez metidos en la acción su capacidad de control es claramente menor.

Por todo ello, sin descartar la educación -aunque per se no es más que teoría-, lo que puede ayudar a nuestros jóvenes es cambiar el ambiente en el que viven. Si siguen desocupados, sin metas, sin preocupaciones, sin tomar responsabilidades, sin unirse a grupos o sociedades que les integren y puedan tener actividades beneficiosas para sí mismos y para los demás, seguiremos con unas pandillas de “Chicken brain” que actúan bajo el influjo de las hormonas sexuales y la dopamina que refuerzan sus actividades arriesgadas.

Busquemos, pues, integrar a los jóvenes en ocupaciones les den motivos para disfrutar sin hacerse daño a si mismos y/o a otros. Los padres y madres tienen la palabra: clubs deportivos, asociaciones ecológicas, ONG, grupos musicales, grupos de montaña, etc.

Caminar por otros senderos, produce resultados diferentes, recordando a Robert Frost:

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso marcó toda la diferencia”.  Robert Frost. El camino menos transitado.

 

Sergio Puerta

 

 

 

¿TIENEN LOS ADOLESCENTES CEREBROS DE POLLO?

teen-and-chicken

Un buen amigo mío, con mucha experiencia en la vida, con mucha cultura y muy viajado (ha dado conferencias en muchísimos países) cuando observa a unos adolescentes haciendo las tonterías, gamberradas o estupideces típicas de su edad, afirma: “Mira, unos cerebros de pollo”

La verdad es que es ponerle un poco de humor a cosas que, con razón, nos irritan y nos parecen incomprensibles. Ahora bien, cuando conocemos mejor cómo funciona y se desarrolla el cerebro de los jóvenes, toda esa algarabía nos empieza a parecer más comprensible.

No digo que hay que pasarlo todo por alto, pero sí ubicarlo en un contexto que nos permita entenderles y buscar vías para su educación.

Lo que distingue el desarrollo del cerebro de los adolescentes de otros períodos no es la reorganización que está sucediendo sino dónde está sucediendo : En dos áreas esencialmente, el córtex prefrontal y el sistema límbico.

El córtex prefrontal se sitúa justo detrás de nuestra frente y es el área responsable de nuestra auto regulación, la que nos hace racionales.

El sistema límbico se encuentra en el centro y lo profundo del cerebro, y una de sus funciones es la de generar las emociones.

La historia de la adolescencia es la de la interacción de estas dos áreas y de cómo aprenden a trabajar en conjunción. Esta historia se desarrolla en tres fases.

Primera fase. Encendido de motores.

Se produce alrededor del comienzo de la pubertad. El sistema límbico es cada vez más fácil de encender. En este tiempo los adolescentes son mucho más emocionales. Su ánimo muestra subidas más pronunciadas y bajadas mucho más profundas que antes o después de este periodo. Son más sensibles a las opiniones y comentarios de otros, en especial a las de sus compañeros y compañeras. Y con una tendencia clara a buscar experiencias nuevas, intensas y excitantes. En el ámbito familiar las peleas y riñas se incrementan con claridad.

Los cambios hormonales de la pubertad son, en gran manera, responsables de estos cambios. Cuando comienza y finaliza esta fase está relacionado con la edad a la que comienzan y terminan de madurar físicamente. Como todos sabemos estos tiempos varían de unos jóvenes a otros.

Segunda Fase. El sistema de frenos se va desarrollando.

Comienza en la preadolescencia y termina sobre los 16 años más o menos. El córtex prefrontal se va organizando mejor gradualmente como consecuencia de la “poda” sináptica y la mielinización. Las habilidades ejecutivas del cerebro se van fortaleciendo lo que lleva a una mejora en la toma de decisiones, la resolución de problemas y la planificación. Aquí los adolescentes ya comienzan a tener razonamiento mucho más adulto (no siempre). En esta mitad de la adolescencia (entre los 14 y 16 años aproximadamente) los padres y madres se sorprenden al ver que, en ocasiones, son más razonables y es más fácil discutir con ellos. Una buena parte de los dramas y las tragedias del principio de la adolescencia se van diluyendo.

Tercera fase. Ya tenemos a un mejor conductor/a al volante.

A pesar de que el sistema de frenos ha ido desarrollándose, los adolescentes no son siempre capaces de usarlo cuando deben. En esta fase las diversas áreas cerebrales mejoran su interconexión. Ojo, este periodo dura hasta bien pasados los 20 años (muchos expertos hablan de los 25 años). Estas mejoras en las conexiones entre el córtex prefrontal y el sistema límbico conllevan un mejor autocontrol, más maduro y consistente. Entre los 18 y los veintipocos años son mejores controlando sus impulsos y las consecuencias a largo plazo de sus decisiones y son capaces de resistir las presiones de sus iguales.

Los procesos racionales ya no son tan fácilmente deteriorados por la fatiga, el estrés o las emociones. Les queda mucho por aprender, pero la maquinaría intelectual adulta ya está en su lugar. Han de seguir manejándola, practicándola para ser más competentes.

 

NIÑOS Y NIÑAS MENTALMENTE FUERTES

 

 

mentally strong kid

 

 

Los niños mentalmente fuertes tienen padres que rehúsan hacer estas 13 conductas.

Hay que abandonar los malos hábitos que roban la fuerza mental de los pequeños.

Criar a un/a muchacho/a mentalmente fuerte no significa que no va a llorar cuando está triste o que no fallará en ocasiones. La fortaleza mental no te hace inmune a las dificultades y tampoco consiste en suprimir tus emociones.

De hecho, es exactamente lo opuesto. La fortaleza mental es lo que les ayuda a levantarse tras un revés de la vida y les da las fuerzas para seguir adelante, aun cuando estén inmersos en dudas sobre si mismos. Es la llave que les ayuda a alcanzar el máximo de su potencial.

Educar a un/a niño/a mentalmente fuerte requiere que sus progenitores eviten diversas prácticas comunes -pero nada saludables- que dañan su fortaleza mental.

De acuerdo con la psicoterapeuta Amy Morin, existen 13 conductas que los padres y madres mentalmente fuertes evitan para, con ello, criar a sus retoños mentalmente fuertes.

Los padres/madres …

1.No aceptan la mentalidad de víctima.

Suspender un examen o fallar en un partido de fútbol no convierte al pequeño/a en una víctima. El rechazo, los fracasos y la injusticia son parte de la vida.

Cuando los pequeños se hunden y se auto compadecen, no hay que hundirse con ellos. Tenemos que enseñarles que, siempre, pueden hacer algo positivo sin importar cuan duro o injusto hayan sido las circunstancias.

2.No aceptan el sentimiento de culpa.

Dejar que nos dominen estos sentimientos es enseñarles que la culpa es intolerable y que hay que ceder y aceptar que somos culpables. Los niños/as que creen que la culpa es algo terrible no serán capaces de decir no a los que les demanden algo, como “se buen amigo y déjame copiar el trabajo para la escuela”, o “si me quieres, tienes que hacer esto por mí”

Hay que mostrar, aunque en ocasiones podamos sentirnos culpables -y todo padre lo siente a veces-, que no vamos a permitir que estas emociones desagradables no desvíen a la hora de tomar decisiones sabias.

3.No hacen que sus hijos/as sean el centro del Universo.

Si tu vida entera orbita alrededor de tus pequeños/as, crecerán pensando que todo el mundo debe estar ahí para resolver sus problemas. Esto produce adultos centrados en sí mismos y que creen tener derecho a todo (sin deberes ni esfuerzos).

Enseñemos a nuestros hijos/as a enfocarse en lo que ellos pueden ofrecer al mundo y no en lo que el mundo les puede dar a ellos.

4.No permiten que el temor dicte sus decisiones

Es cierto que mantener a nuestros hijos dentro de una burbuja protectora nos evitará mucha ansiedad, pero esta sobre protección sólo les enseña que nuestros miedos deben ser evitados a toda costa.

Para vencer nuestros miedos hay que enseñarles a enfrentarlos cara a cara y así crecerán con fuerza y coraje siendo capaces de salir de sus zonas de comfort.

5.No ceden el poder de las decisiones en los pequeños/as

Permitir que los niños/as dicten dónde se va a comer o dónde nos vamos de vacaciones, les da un poder que no son capaces de manejar bien, no están todavía desarrollados para usarlo. Tratarlos como a iguales -algunos les tratan como jefes- les roba su fuerza mental.

Será mejor que les demos la oportunidad de obedecer órdenes, escuchar algunas cosas que tal vez no quieran oír y hacer cosas que no quieren hacer. Podemos permitirles elegir entre cosas sencillas, pero manteniendo clara la jerarquía familiar.

6.No esperan la perfección.

Esperar que actúen adecuadamente es saludable, pero esperar que sean perfectos será contraproducente. Enseñadles que se puede fallar y que no es preciso ser el mejor en todo lo que hacen.

Los niños/as que se esfuerzan en ser la mejor versión de sí mismos más que ser el mejor en todo, no precisan medir su autoestima por la comparación con otros.

7.No permiten que se salten sus responsabilidades.

Puede ser tentador permitirles que se salten las tareas de la casa que tienen encomendadas o dejar que no acaben un trabajo de la escuela. ¡Claro!, después de todo queréis que tengan una infancia libre de ataduras (…ya vendrán después)

Pero los pequeños/as que realizan tareas adecuadas a su edad y capacidad no se “queman”, por el contrario, ganan fuerza mental que precisarán para ser ciudadanos responsables.

8.No les protegen contra cualquier dolor.

Sentimientos heridos, tristezas y ansiedades son parte de la vida.  Permitir que lo experimenten les da la oportunidad de practicar la tolerancia a estas sensaciones de malestar. Será muy útil para el futuro.

Aportemos la guía y el apoyo que precisan para enfrentarse al dolor y así ganarán la confianza en sus habilidades para manejar las dificultades inevitables de la vida.

9.No son responsables de las emociones de sus hijos/as.

Tratar de alegrarles cuando están tristes o calmarlos cuando están enfadados, implica que los padres se hacen agentes responsables de regular sus emociones. Ellos/as necesitan tener competencia emocional para así manejar sus propias emociones.

Haz que tu hijo/a aprenda proactivamente formas de enfrentarse y superar sus emociones para que no dependan de los demás.

10.No evitan que cometan errores.

No les hacemos ningún favor corrigiendo, continuamente, sus deberes, comprobando una y otra vez si han cogido su almuerzo para el cole, recordándoles constantemente que hagan sus tareas en casa. Permitir que sus errores tengan consecuencias naturales es permitir que la vida misma les enseñe (la vida es una gran maestra).

Cuando eso suceda, enseñémosles a partir de sus errores y así pueden crecer más sabios y más fuertes.

11.No confunden la disciplina con el castigo.

El castigo implica que sufran por su mal comportamiento. La disciplina, sin embargo, consiste en que aprendan cómo hacerlo mejor en el futuro.

Educarles cuando ellos temen meterse en problemas no es lo mismo que educarles cuando ellos quieren tomar decisiones correctas. Usemos consecuencias para ayudarles a desarrollar autodisciplina que precisan para elegir mejor.

12.No toman atajos para evitarles el malestar

Ceder ante un niño/a que está gimoteando, quejumbroso o hacerle la tarea que le corresponde puede facilitarte la vida momentáneamente, pero esos atajos modelan hábitos muy poco saludables.

Da ejemplo mostrando a tus pequeños que puedes demorar conseguir algo agradable para ti cuando lo correcto es hacer algo antes y así evitar atajos tentadores. Así se les enseña que pueden ser lo suficientemente fuertes para perseverar aun cuando tengas ganas de rendirse.

13.No dejan que sus valores pasen a un segundo plano.

Muchos padres no están inculcando aquellos valores que consideran importantes, simplemente porque están tan liados en su día a día e inmersos en ese caos se olvidan de los grandes objetivos.

Debemos asegurarnos de que nuestras prioridades se adecuan con los valores que estimamos importantes en la vida y, con ello, daremos a nuestros hijos/as la fuerza para llevar una vida con sentido.

 

Pautas educativas básicas

Antes de empezar

  • Este folleto pretende resumir las pautas educativas básicas y fundamentales para educar a los hijos.
  • Pautas generales que nos ayudarán a orientarnos, a tomar decisiones y pistas para resolver problemas concretos del día a día.
  • Podemos considerarlas como “las reglas del juego” que hay que respetar si queremos resolver los problemas cotidianos en la educación de nuestros hijos.
  1. Acuerdo entre la pareja 
  • Esta es considerada la principal pauta educativa, el hijo/a tiene que percibir que existe un acuerdo entre los padres y que el mensaje recibido es el mismo de ambos. Si recibe mensajes contradictorios se desconcertará e intentará sacar ventaja de ello.
  • Para llegar al acuerdo habrá que negociar y reflexionar juntos para tomar las decisiones acertadas, se irán haciendo de una en una.
  • Se evitará discutir las normas delante de ellos así como desautorizar lo que uno de los miembros haga así como incumplir las normas con apostillas de “que no se entere papa/mama”
  1. Disponer de normas y límites
  • Las normas y los límites deben ser claros y concretos, serán las “reglas del juego” con las de que deben actuar.
  • En todo caso se respetaran reglas y horarios
  • Toda actuación tendrá unas consecuencias. La no realización de dichas reglas deberán ir precedidas de unas consecuencias negativas y su realización irán reforzadas de una consecuencia positiva.
  • Será importante un refuerzo intermitente con el fin de afianzar la realización de las conductas deseadas, es decir, no todas las veces que realicen la conducta deseada deben ir seguidas de un refuerzo positivo, con esto conseguiremos afianzar dichas conductas.
  • Para reforzar las conductas deseadas el elogio y la aprobación serán muy efectivos.
  • Se prestará especial atención a las conductas adecuadas más que a las inadecuadas
  1. Importancia del lenguaje
  • Será importante hablar y razonar con ellos. Se pretenderá en todo caso que se adopte una actitud reflexiva haciéndoles ver que las normas y reglas no son un capricho sino que tienen un porque e irá motivado.
  • Se les hará ver lo que se espera de ellos y que toda actuación conlleva unas consecuencias.
  • En ningún caso el lenguaje adoptará tono negativo
  • Y recuerda… SIEMPRE CON SENTIDO DEL HUMOR 
  1. Educar con afecto
  • Las relaciones entre padres e hijos son siempre relaciones de afecto y este debe ser demostrado en sus diversas maneras: abrazos, caricias, besos… pero también tener tiempo para dedicarles a ellos, escucharles, etc.
  • Siempre tener presente que quererles no es darle todo lo que piden, sino más bien todo lo contrario, quererles es educarles y ello implica corregirles, adoptar medidas cuando se equivoquen y ello implica también castigo si es necesario.
  • Todo entrenamiento necesita un esfuerzo y con esfuerzo conseguiremos mejorar las relaciones con nuestros hijos educándoles de la mejor manera posible.

NO ES RABIA TODO LO QUE RELUCE

 

Dog barking

Es cierto que nos asustan/intimidan esas explosiones de rabia/enojo propias de los adolescentes. ¿Por qué lo hacen? Es absurdo,………¿seguro que es absurdo?.

No hay comportamiento que no tenga una justificación. Todo tiene su antecedente y también su consecuente. La conducta se repite por sus consecuencias.

Es cierto que otra conducta sería mejor, pero ellos consiguen su objetivo inmediato: escapar de una situación incómoda.

Los padres/madres tenemos las llaves para que no se produzcan estas explosiones, o al menos para que se reduzcan considerablemente….. ¿Cómo?

Este es un asunto que hay que tratar  ampliamente, y no vamos a hacerlo aquí, pero unas pocas ideas servirán para empezar:

1) No comiences discusiones de forma espontánea, simplemente porque estás cabreado y quieres hacérselo saber. Así tan sólo conseguiremos un nuevo enfrentamiento y alejamiento. O acaso a nosotros, adultos, ¿cuando alguien nos abronca, de inmediato cambiamos de actitud, agradecemos la corrección y aceptamos que estábamos equivocados? Los adolescentes no son muy diferentes en este punto. Nuestra aproximación ha de ser otra.

2) Planifica cómo y qué quieres decirle. Esto evita el levantar la voz y nos dirige en un momento que no es fácil. No se conduce por curvas difíciles sin tener un buen control del vehículo

3) Ten una entrevista con él/ella (hay que acordar día, hora y lugar). Dile de qué se va a tratar y que esperas conocer su opinión. Ten buen ambiente: Un refresco, un helado, pizza,….. y calma. Los jóvenes precisan un poco de tranquilidad para poder expresarse sin ira y para poder abrirse.

4) Primero escuchar, luego escuchar y finalmente compartir (imponer nuestro criterio tan sólo ante situaciones de riesgo inminente) Hay que decidir en qué papel iniciamos la conversación:

  1. OBSERVADOR: Les dejas hablar libremente sin dar consejos,
  2. CONSEJERO: Aquí ellos hablan pero vamos intercalando ideas para que piensen si pueden aplicarlas.
  3. DIRECTOR: Hay momentos en que sí hay que dirigir, hay que orientar cuando están perdidos en el desierto sin cantimplora. Pero este papel no debiera ser nuestra primera opción. Hay que usarla cuando la confianza se ha venido restableciendo.

Si hay que cambiar de papel (de los tres tipos mencionados), se debe hacer en la siguiente reunión (quedar en una nueva fecha para ella).

5) Deja la puerta abierta para otro encuentro.

6) Buen humor,…. enséñale el camino, no te centres en sus errores. Reafirmar su parte positiva es adecuado (aunque por dentro te estés muriendo por darle un “caponazo”)

Puede parecer una aproximación elaborada y débil (no lo es, en absoluto), pero hay que reflexionar si nuestra manera de abordar hasta ahora ha sido eficaz o no.

Si siempre obtienes los mismos resultados, ¿por qué sigues haciendo lo mismo?

Tal vez un cambio venga bien. Los adolescentes precisan saber que se les tiene en cuenta; es la llave para que se abran.

Bueno, ampliaremos esto en otro momento.

Tengamos paz.

PD.: Por cierto, la paz se firma con el enemigo.